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Son muchas las historias que giran alrededor de cómo surgió el “Día del Amor y la Amistad”, “Día de los Enamorados”, “Día de San Valentín”, o como lo llaman en diferentes países. Al final, como muchos mitos y leyendas existentes en otro tipo de acontecimientos, cada uno elige con cuál de estas versiones quedarse. Es decir, cuál es la versión que va a contar si algún día le preguntan.

Unos dicen que viene desde la Lupercalia de la Antigua Roma, donde golpeaban con un látigo de piel de cabra o de perro, la piel de las mujeres jóvenes. Era, según la historia, para “mejorar la fertilidad”. Otros dicen que es porque, a mediados de febrero, las aves empiezan a emparejarse. Y quién sabe. Cualquiera y ninguna puede ser cierta.

Hay otra historia. Es una de las más aceptadas y conocidas, y proviene de San Valentín, sacerdote de Roma en el siglo III. Un sacerdote rebelde y particular que se dedicó a desobedecer en nombre del amor.

En ese entonces –tiempos del Imperio Romano-, el emperador Claudio II había prohibido el matrimonio de los jóvenes soldados, pues creía que si estaban enamorados, iban a rendir menos en las operaciones de guerra. A San Valentín esto le pareció una cosa terrible, por lo que decidió casar a los jóvenes enamorados en secreto. Al final, cuando fue descubierto, tantos casamientos le costaron la entrada a la cárcel, para finalmente ser martirizado y ejecutado el 14 de febrero del año 270 por orden del emperador.

En Colombia se celebra este día, oficialmente, desde 1969. Sigue siendo una conmemoración a la muerte de San Valentín, pero en este año, los comerciantes colombianos decidieron modificar la fecha de celebración debido a la temporada escolar de febrero. Argumentaron, además, que en septiembre no existía ningún festejo. Por esto, se estipuló como fecha de celebración el tercer sábado del noveno mes del año.

Si hay una cosa que la historia de San Valentín nos deja, es la muestra de la valentía que se necesita para enfrentar el amor. Y ahí está lo lindo, lo admirable: saber que el amor merece ser rescatado; necesita ser rescatado. Entender que el amor está en todo y en todos y que, además, está inmerso en esas amistades que por fortuna nos llenan de grandes momentos nuestra vida. Así que celebremos, vivamos, abracemos y digamos lo que merece ser dicho. ¡Seamos valientes!


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